Todo en Alexandra invita al gozo, a la dicha. El universo de sus ojos, el mar de dulzura en su boca, los caminos de leche y miel por la seda de su cuerpo... Pero llama la atención su frivolidad, en su mirada mientras la verga masculina la penetra no hay el menor signo de placer, pudor o dolor. No puedo evitar un sentimiénto de tristeza en el contraste entre las promesas de sus bellos ojos y la indiferencia que realmente existe en su ser